Referencias a la teoría de la degeneración en los primeros escritos del psicoanálisis argentino (1910-1940)[1]

Mauro Vallejo

 

I. Introducción.

 

El objetivo principal del presente escrito es analizar la forma por la cual en diversas producciones psicoanalíticas argentinas de las primeras décadas del siglo XX se hacía alusión al paradigma psiquiátrico de la heredo-degeneración. El aporte esencial de este texto es proponer una interpretación alternativa sobre un fenómeno que se produjo con cierta regularidad en diversas publicaciones que pertenecen a las más tempranas utilizaciones de las nociones psicoanalíticas en nuestro medio. En tal sentido, se brindarán evidencias tendientes a justificar la necesidad de introducir una rectificación en el modo en que el mentado fenómeno ha sido descrito anteriormente por otros historiadores de la disciplina psicoanalítica local.

Cabe agregar que esta indagación es parte de una investigación más vasta, consistente en el estudio tanto de las particularidades de las teorías de la degeneración[2] como de las alusiones que a ellas hizo Sigmund Freud a lo largo de sus textos publicados y sus cartas[3]. Por tal razón, en esta oportunidad nos limitaremos a brindar algunas conclusiones o apreciaciones obtenidas a través de dicha exploración más extensa, siempre y cuando ello sea necesario en aras de una más clara descripción del fenómeno aquí estudiado.

Si bien nuestro interés recaerá sobre tres autores (Juan Ramón Beltrán, Fernando Gorriti y Gómez Nerea) que han sido ya objeto de estudios minuciosos y esclarecedores de otros historiadores, nuestro designio es demostrar que estos últimos no han logrado brindar una justa evaluación de la manera en que aquellos se referían al paradigma degeneracionista en sus escritos sobre psicoanálisis.

 

II. Relaciones entre el saber psicoanalítico y las nociones de la degeneración en el psicoanálisis de principios de siglo.

 

En este apartado procederemos a analizar las múltiples formas mediante las cuales diversos autores del medio local hacían alusión a las nociones propias al paradigma del heredo-degeneracionismo en el seno de escritos sobre teoría psicoanalítica. Asimismo, daremos en cada caso un resumen de las interpretaciones que otros investigadores han propuesto de tal hecho. Por último, cotejaremos las citas de los textos argentinos con algunos fragmentos de los textos freudianos con el fin de evaluar si las referencias que a la degeneración se hacían en nuestro medio difieren sustancialmente o no de aquellas otras pasibles de ser halladas en el corpus freudiano.

Si bien los principales historiadores del primer psicoanálisis de la Argentina han analizado ya las obras que aquí serán comentadas, es tal vez incorrecta la manera en que han interpretado la superposición en ciertos textos de las nociones psicoanalíticas y los conceptos de la degeneración. Se ha puesto demasiado énfasis en la heterodoxia o el eclecticismo que en dicha coexistencia estaría funcionando, cuando una atención a ciertos aspectos del pasado del psicoanálisis freudiano debería más bien conducir a cuestionar tales aseveraciones. Muchos de los tramos en que los primeros textos psicoanalíticos de Argentina hacían confluir en un mismo espacio de pensamiento las nociones freudianas y las tesis del heredo-degeneracionismo constituyen, tal y como intentaremos demostrar a continuación, reduplicaciones o retranscripciones de una coexistencia que era patente, ya sea en el mismo Freud, ya en sus discípulos directos. 

Cabe aclarar desde ya que hay algunos elementos del fenómeno estudiado que han sido analizados en términos con los que estamos completamente de acuerdo. Por ejemplo, se ha resaltado que la hegemonía del paradigma heredo-degeneracionista fue durante un lapso temporal considerable un obstáculo para el ingreso y aceptación del psicoanálisis en Argentina (Plotkin 2001, 65; Vezzetti 1989, 400; Vezzetti 1996a, 15-16). Se ha sugerido asimismo que el uso del psicoanálisis servía a los argumentos de los psiquiatras que se oponían a las tesis fuertemente hereditarias (Gentile 1996, 40).

Un primer ejemplo lo constituye el temprano texto del médico de origen chileno Germán Greve, titulado “Sobre psicología y psicoterapia de ciertos estados angustiosos”, publicado en 1910. Efectivamente, allí se produce quizá por vez primera el fenómeno en cuestión. Luego de explicitar los casos en que resulta adecuada la indicación de terapia psicoanalítica, el médico trasandino pasa a mencionar aquellos otros en que no es aconsejable: “La educabilidad de una persona mayor se hace casi imposible y la masa de material psíquico es tan grande que no puede ser dominado. No son a propósito para esta clase de tratamiento las constituciones francamente degenerativas, tan a menudo concomitantes con estas afecciones” (Greve 1910, 88). Estas últimas palabras no hacen otra cosa que repetir casi literalmente una advertencia que Freud hiciera en un escrito de 1904 titulado “El método psicoanalítico de Sigmund Freud”. Allí, el médico vienés afirma: “Las malformaciones acusadas del carácter, los rasgos de una constitución realmente degenerativa, se exteriorizan en la cura como fuentes de resistencias que es muy difícil vencer. En esa medida, la constitución en general impone un límite a la posibilidad de curación mediante psicoterapia” (Freud 1904, 241)[4].

 De todas formas, el caso de Greve no genera dilema, puesto que su mención del problema de la degeneración no había sido señalada antes por los historiadores. Los ejemplos más estudiados, y acerca de los cuales se han vertido las interpretaciones con las cuales aquí se disiente, son los de Juan Ramón Beltrán, Fernando Gorriti y Gómez Nerea.

En lo concerniente a Beltrán, en varios de sus textos hay una clara superposición de enunciados del psicoanálisis con nociones del heredo-degeneracionismo. El ejemplo más conocido sea quizá el análisis que ofrece del caso del empleado del Plaza Hotel, acusado de homicidio, recogido en su libro La psicoanálisis, sus fundamentos y aplicaciones, editado en 1932. Beltrán dedica allí largos pasajes a describir el complejo de Edipo del paciente y su “libido onanista” (sic.). A renglón seguido, el autor se pregunta: “¿Qué rol han tenido estas manifestaciones sexuales en los episodios y trágico acontecimiento ya comentado? Ha llegado el momento de estudiar el factor constitucional. Al respecto, existen en B..., estigmas de carácter degenerativo, predisponentes para la neurosis.”(Beltrán 1932, 176). La conclusión del trabajo es igualmente elocuente respecto de la superposición de interpretaciones freudianas y el uso del lenguaje del degeneracionismo. Luego de señalar los componentes agresivos de la sexualidad del sujeto, Beltrán afirma que el psicoanálisis ve en la regresión de la libido, en la persistencia del complejo de Edipo y en el predominio del complejo de Narciso las causas predisponentes y determinantes de su delito. En tal sentido, concluye: “Todo esto, en un sujeto neurópata con estigmas orgánicos que evidencian su degeneración” (Beltrán 1932, 177). El texto “Psicopatología de la duda” del mismo autor, y publicado en 1927 en La semana médica, ofrece una coexistencia similar. Pues bien, respecto de esta particularidad de los textos del médico Beltrán, tanto Hugo Vezzetti como Mariano Ben Plotkin han hablado de eclecticismo teórico, versión contradictoria del psicoanálisis o mixtura de dos doctrinas incompatibles[5]. Por ejemplo, el último historiador afirmará lo siguiente: “...Beltrán utilizó dos cuerpos teóricos aparentemente incompatibles: la teoría de la degeneración y el psicoanálisis de Freud” (Plotkin 2001, 27).

Hablar de eclecticismo en razón de tal superposición, ¿no constituye acaso una hipótesis retrospectiva que resulta injustificada si se cotejan esos textos con algunos pasajes del propio fundador del psicoanálisis? A manera de ejemplo, podemos citar un pasaje del escrito freudiano “Sobre psicoterapia”, de 1905, en el cual se da por supuesta la posibilidad de la coexistencia de signos de degeneración con trastornos psiconeuróticos en los siguientes términos: “Sustento el punto de vista de que la neurosis en modo alguno estampa en sus portadores el marbete de dégenéré, pero que con mucha frecuencia se asocia con las manifestaciones de la degeneración en un mismo individuo. Ahora bien, la psicoterapia analítica no es un procedimiento para tratar la degeneración neuropática; al contrario, encuentra en esta su límite” (Freud 1905c, 253).

En Fernando Gorriti sucede algo similar, principalmente en dos de sus escritos, titulados “Reparos al complejo de Edipo” (1926) y “Psicoanálisis de los sueños en un síndrome de desposesión” (1931). En el primero de ellos, el médico argentino afirma que los casos de incesto real se producen solamente en sujetos que son “degenerados morales” (Gorriti 1926, 142), mientras que en el segundo escrito se realiza una presentación del tratamiento psicoanalítico de un sujeto, al que da el nombre de ABC. En dicho texto, Gorriti concluye su presentación clínica advirtiendo sobre las escasas probabilidades de que se tratase de una curación definitiva, puesto que el sujeto estaba particularmente predispuesto, sobre todo en razón de ser hijo de un demente precoz (Gorriti 1931, 25). Una de las interpretaciones que hasta el momento se han esbozado sobre el primer texto declara, por ejemplo: “No deja de ser contradictoria la coexistencia de esa afirmación doctrinaria de la etiología degenerativa con el reconocimiento del valor terapéutico de un recurso psíquico...” (Vezzetti 1996a, 33).

En lo atinente a ambos enunciados, poseemos en Freud afirmaciones bastante similares. Respecto a la relación entre degeneración y falta moral, La interpretación de los sueños ofrece una aserción que se asemeja a la adelantada por Gorriti: “Es verdad que la moralidad no surge simultáneamente en toda la línea, y también varía según los individuos la duración del período de la infancia en que falta la moral. Donde esta moralidad no se desarrolla, hablamos sin vacilar de «degeneración»; manifiestamente se trata de una inhibición del desarrollo” (Freud 1900, 260). Por otro lado, y en cuanto respecta a la alusión de Gorriti acerca de la transmisión generacional de patología, de ningún modo podemos ver allí un uso heterodoxo de la doctrina freudiana, pues en tal sentido basta con recordar el papel considerable que Freud otorgó siempre a los factores hereditarios (Jones 1953, tomo III, 326-327), pero sobre todo cabe atender a un detalle de la obra freudiana pocas veces resaltado: Freud sostuvo hasta el final de su producción la certeza de las consecuencias deletéreas de la sífilis paterna sobre la descendencia[6].

Por último, quisiéramos dedicar el tramo final de este escrito a la forma en que el fenómeno en cuestión se presenta en algunos de los volúmenes de difusión de la teoría psicoanalítica firmados con el seudónimo de Gómez Nerea. Si bien es cierto que sería pertinente tener en consideración las importantes disimilitudes que podrían existir entre textos de divulgación escritos por un poeta necesitado de dinero, y los recién comentados, pertenecientes a prestigiosos médicos respetuosos de las normas académicas y de las exigencias de los canales doctos de transmisión, las pondremos por el momento en suspenso, para abocarnos simplemente al hecho que nos interesa. En tal sentido, coincidimos con la hipótesis metodológica que Hugo Vezzetti propone al introducir la categoría de “freudismo” para nominar el cuerpo difuso de textos en que la referencia a Freud es una constante (Vezzetti 1997, 212).

También a Gómez Nerea se le ha imputado una heterodoxia radical por su uso de los conceptos de la degeneración en el contexto de una presentación del saber freudiano[7]. Los volúmenes de este autor constituyen quizá el capítulo del psicoanálisis argentino en que la coexistencia aquí considerada se produjo con mayor asiduidad, así como también de manera aparentemente más contradictoria[8]. Nuestro objetivo en relación a estos textos será también comprobar si la ambigüedad con que las nociones de la degeneración se presentan en dicho autor no hace sino repetir la vacilación freudiana en la toma de posición respecto del paradigma heredo-degeneracionista. En primer lugar señalemos que tanto en el capítulo que en el primer volumen dedica a las “Degeneraciones varias” (Gómez Nerea s/f a, 9-10), así como también en diversos tramos de los restantes tomos (Gómez Nerea s/f b, 126; s/f d, 152-155), Gómez Nerea retoma casi literalmente los pasajes que Sigmund Freud dedicara a la degeneración en su escrito “Tres ensayos de teoría sexual”. En ambos casos se produce una tímida toma de distancia respecto de la degeneración, pues al tiempo que se esgrime que quizá sus nociones sean incorrectas, se afirma también que el diagnóstico de “degenerado” debe usarse solamente en casos en que haya certeza de que existen diversas anomalías y una incapacidad de valerse por sí mismo. La cita de Freud, que Gómez Nerea se limita a parafrasear en reiteradas oportunidades, reza así: “Parece más adecuado hablar de degeneración sólo cuando: 1) coincidan varias desviaciones graves respecto de la norma; 2) la capacidad de rendimiento y de supervivencia aparezcan gravemente deterioradas” (Freud 1905a, 215-216).

Más adelante, en unos fragmentos dedicados al comentario del caso de la joven homosexual de Freud, Gómez Nerea afirma que durante un lapso importante de tiempo el médico vienés dudó de si se encontraba frente a una enferma o una degenerada (Gómez Nerea, s/f a, 30).

El volumen V de la serie se titula precisamente “Freud y las degeneraciones”, del cual cabe decir que se refiere poco a Freud y más a autores de la sexología europea, principalmente a Hirschfeld. En este libro sucede un fenómeno que podemos aprehender asimismo en algunos tramos de la obra freudiana, esto es, la utilización de los términos “degenerado” o “degeneración” como sinónimos de depravación o anomalía moral, sin una clara alusión a la teoría psiquiátrica de la heredo-degeneración[9].

En el volumen siguiente, dedicado a “Freud y los orígenes del sexo”, el autor aboga por que se ejerza una definitiva y completa educación sexual de los niños puesto que de su concreción depende la salud mental de las futuras generaciones. “...quienes no educan sexualmente al niño desde temprana edad dan lugar a que en él nazcan sentimientos monstruosos, incestuosos, inconfesables, a que se ponga en camino de la degeneración” (Gómez Nerea, s/f c, 11). En este volumen Gómez Nerea también hace eco de las tesis degeneracionistas acerca de los efectos perjudiciales del alcohol o el estrés sobre la descendencia (ibíd, 166, 170).

Por último, el volumen IX se titula “Freud y la higiene sexual”, y en él encontramos numerosas alusiones a la degeneración. En el capítulo dedicado enteramente a los problemas desencadenados por la castidad, el autor dice que ella conduce a la demencia sólo en los casos de sujetos predispuestos por una degeneración hereditaria (Gómez Nerea, s/f d, 81). Si bien la preocupación sobre la castidad se recorta como una temática ajena al pensamiento de Freud, la aseveración sobre la predisposición sustentada en una degeneración encuentra claramente en Freud un antecedente, tal y como podemos comprobarlo a partir de los siguientes fragmentos de su obra: “...son concebibles también variantes de la disposición originaria que necesariamente, y sin ayuda ulterior, lleven a conformar una vida sexual anormal. Puede llamárselas «degenerativas», y considerárselas expresión de una tara heredada.” (Freud 1905a, 215-216). Finalmente, en una sección dedicada a la procreación y la eugenesia, Gómez Nerea vierte unos enunciados de claro tinte degeneracionista (s/f d, 165-166, 173-174).

 

III. Conclusiones.

 

Para concluir, vale aclarar que nos hemos limitado a brindar las citas textuales del propio Sigmund Freud que mayor similitud presentaban con los enunciados de aquellos médicos argentinos que en varias oportunidades superpusieron las teorías psicoanalíticas con los conceptos de la heredo-degeneración. Procedimos de tal modo puesto que suele atribuirse a Freud una autoridad indiscutida respecto de cuanto es o deja de ser psicoanalítico. Sin embargo, a iguales resultados podríamos haber arribado de haber utilizado las opiniones de algunos allegados directos del creador de la técnica analítica. En particular, cabe recordar que uno de los discípulos más tempranos de Freud, Isidor Sadger, defendía con mucho ahínco las principales nociones de la heredo-degeneración durante las reuniones de la Sociedad Psicoanalítica de Viena[10]. Un análisis detallado de esto último, sumado a un mejor estudio del papel que a la teoría de la degeneración le corresponde en diversos momentos del corpus freudiano, conducen a rectificar las lecturas que otros historiadores han esbozado sobre la mentada superposición de paradigmas. Hemos intentado demostrar que una considerable proporción de los enunciados de los autores argentinos, en los cuales se mezclaban nociones heredo-degeneracionistas con elementos de la teoría psicoanalítica, no suponían ni develaban una heterodoxia o un eclecticismo que fuese particular al ingreso del psicoanálisis en Argentina. Al contrario, poseemos evidencia de que tales mixturas teóricas eran efectuadas por Freud, y una evaluación de las actas de las reuniones de la Sociedad Psicoanalítica de Viena demostraría que tal fenómeno se producía con total asiduidad en los allegados más cercanos al propio Freud.

Germán García se refería a los primeros desarrollos teóricos de los médicos argentinos aludiendo al “...extraño personaje que Freud fue para sus colegas y en las extrañas personas que fueron sus primeros interlocutores” (García 1978, 164). Las fuentes históricas aquí analizadas no dejan margen de duda: Freud encontraba en Argentina interlocutores para nada extraños; se repetían aquí las mixturas o solapamientos a los que el primer psicoanálisis estaba habituado, ya sea porque los textos de Freud daban pie a ello, ya debido a las discusiones que en su entorno circulaban.

 

 

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[1] Publicado en Revista Investigaciones en Psicología, Buenos Aires, 2007, Año 12, Nº 1, pp. 121-131.

[2] Para una descripción del paradigma degeneracionista, véase los textos de Daniel Pick (1989), Ian Dowbiggin (1991), Bynum (1980), Norberto Conti (1995; 2003), Georges-Paul-Henri Genil-Perrin (1913) y Postel & Quétel (1983). En cuanto concierne al estudio de dicho paradigma en la medicina argentina, deben consultarse los libros de Hugo Vezzetti (1983) y Gabriela Nouzeilles (2000).

[3] Para un estudio del parentesco entre los textos freudianos y las nociones del heredo-degeneracionismo, véase los trabajos de Elisabeth Roudinesco (1986; 1999; 2004), Armand Zalosic (1976), Vernon Rosario (1997) y Mauro Vallejo (2006).

[4] Freud repite esa advertencia en “Sobre psicoterapia”, de 1905.

[5] Acerca de los textos de Beltrán, Vezzetti se refiere a su “particular y contradictoria versión” del psicoanálisis (Vezzetti 1996a, 31), a su “conglomerado ecléctico y conceptualmente inconsistente” de ideas (ibíd.); asimismo, sobre el primero de los textos de Beltrán por nosotros analizados, Vezzetti concluye señalando que “...la persistencia de las tesis degeneracionistas impone una disposición teórica de consistencia dudosa” (1989, 405). Por su parte Mariano Ben Plotkin no hace más que repetir estos calificativos: acerca del mismo autor dirá: “...extraña combinación teórica llevada a cabo por Beltrán...” (Plotkin 2001, 27), “...mezcla que contenía elementos muchas veces difícilmente compatibles entre sí” (ibíd., página 28), “Sus puntos de vista (...) eran bastante eclécticos...” (ibíd, 51), “...su eclecticismo teórico...” (ibíd.).

[6] Respecto de la idea de Freud sobre los efectos perniciosos que sobre la descendencia ejerce la enfermedad luética del padre, véase su texto “Charcot” (Freud 1893b, 24). Vuelve sobre ello en “Sumario de los trabajos científicos del docente adscrito Dr. Sgm. Freud” (Freud 1897, 247), en el “Manuscrito B” (Freud 1893a, 222), pero principalmente en “Tres ensayos de teoría sexual” (Freud 1905a, 216)  y en “Fragmento de análisis de un caso de histeria [Caso Dora]” (Freud 1905b, 20 y 66). Cf. Mauro Vallejo (2006).

[7] En su análisis de la obra de Gómez Nerea, Hugo Vezzetti llegará a afirmar que el término degenerado “es ajeno a Freud” (Vezzetti 1996b, 235). Por otro lado, el mismo historiador concluirá que Gómez Nerea “...combina del modo más libre y arbitrario textos de Freud con temas y autores de la vieja psiquiatría de la degeneración y de la sexología médica” (Vezzetti 1996a, 36).

[8] Tal y como lo señala Vezzetti (1996b, 185), es difícil determinar la fecha de edición de los volúmenes de la obra de Gómez Nerea, pues en muchas ocasiones no se menciona la fecha. De todas formas, es bastante probable que las primeras ediciones daten aproximadamente del año 1935.

[9] Ello sucede en los siguientes textos: en el Volumen V, en las páginas 13, 36, 41, 97, 148, 174, 187, 188; en el Volumen VI, en páginas 143-144, 166, 183; en Volumen IX, en las páginas 143, 152, 159. Por otro lado, en la página 152 del tomo IX, el propio Gómez Nerea se refiere a esta sinonimia.

[10] En lo atinente a dicha problemática, véase principalmente la reunión del día 1 de Mayo de 1907 (Nunberg & Federn 1962, 183-189).