La familia y el síntoma en el niño

Contribuciones de Eva Giberti y Arminda Aberastury durante la década del 60’.[1]

Paula Aromando

 

Índice

1)     Introducción ………………………………………… 3

 

2)     Escuela para padres: Eva Giberti y el rol de los padres…..…………..…..4

 

3)     Psicoanálisis en niños: Intervención analítica propuesta por Arminda Aberastury ……………… 5

 

4)     La familia como causa de síntomas en el niño…………………….........…7

 

5)     Consideraciones finales a modo de cierre…………………………..……...9

 

6)     Bibliografía ……………………………………………………………… 11

 

Introducción

            La década del 60’ en Argentina se vio atravesada por grandes transformaciones en el modelo familiar tradicional. “La mujer empezaba a tener mayor inserción en la vida laboral. (…) La difusión adquirida por la píldora anticonceptiva permitió que la mujer controlara su propia fecundidad posibilitándole el control de su propio cuerpo.”[2]
            Por otro lado surgieron fenómenos sociales como la cohabitación, el incremento de divorcios, las familias ensambladas y las familias monoparentales, que influyeron significativamente en la paulatina desaparición de las familias extensas; Susana Torrado explica en La herencia del ajuste (2004) que todos estos factores, actuando en conjunto, se dirigen a modificar el modelo familiar en el que crecerán los niños de las siguientes generaciones.
            Esta década presenta una fuerte implantación de la teoría freudiana al discurso cotidiano. Acerca de la difusión del psicoanálisis en la Argentina Plotkin afirma: “El contexto social, cultural y político de los ’60 facilitó la recepción de un sistema de pensamiento que brindaba fundamentos para comprender una nueva subjetividad y para responder a los interrogantes que ésta planteaba”[3]. Hubo una amplia oferta de psicoanálisis y de terapias de orientación psicoanalítica en las cuales la APA[4] jugó un rol significativo.
            El psicoanálisis se encargó de cuestionar la imagen tradicional de la familia. “La familia comenzó a ser percibida como un ámbito de realización de los deseos personales en lugar de una célula para la reproducción de la especie”[5]. Se comprendía un sentido social del psicoanálisis y los tratamientos de pareja y familia comenzaron a popularizarse. Plotkin manifiesta en Freud en las Pampas (2003) que el discurso psicoanalítico proveyó de las herramientas para comprender una realidad que escapaba al sistema de creencias tradicionales.
            Mediante este informe me propongo indicar cómo en 1960, con el aporte de la teoría psicoanalítica, se problematizan los roles maternos y paternos, desde la teoría de Arminda Aberastury y Eva Giberti, en relación a la capacidad sintomática del niño. Lo haré exponiendo una breve introducción a las obras de ambas autoras, para luego compararlas según el tema elegido, indicando sus semejanzas y similitudes respecto a la familia como causa de síntomas en el niño.

Escuela para padres: Eva Giberti y el rol de los padres

            Escuela para padres es una institución internacional fundada por Eva Giberti en Argentina en 1957; no casualmente en una época donde el saber estaba siendo desplazado del campo médico al campo psicológico; con la idea insistente de que los padres “fueran a la escuela” y aprendan sobre la infancia. En un primer momento fue organizada en forma de grupos formados por madres que acudían a ella en busca de ayuda en la crianza de sus hijos, para luego formar parte de cursos avalados por la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Este proyecto hace posible la difusión del psicoanálisis en los medios de comunicación. Desde Freud en las pampas se expone “El objetivo de Escuela para padres es “entender” cosas que habían sido anteriormente consideradas como no problemáticas (…) Giberti propuso a una audiencia amplia un sistema orientado psicoanalíticamente para educar a sus hijos”[6].
            Se encargó de cuestionar todo lo que hasta el momento parecía garantizado en el rol de la madre, ella misma dice: “Es preciso buscar unidades procesadoras destinadas a ensayar nuevos criterios para resignificar lo que entendemos por relaciones entre los miembros de la familia”[7].
            Para Giberti “la familia es algo así como un laboratorio de ensayo para la vida futura del niño (…) el chico puede convertirse en un neurótico a través de sus relaciones con la familia”[8]. Nótese el papel central que le asigna a los padres en la construcción del aparato psíquico del niño.
            Escuela para padres fue una herramienta de gran utilidad para las madres, que brindó técnicas e interpretaciones para el manejo de la vida cotidiana. Marcela Borinsky expone sobre este tema “La psicología como disciplina al servicio de la madre moderna monopolizaba el abordaje de los problemas familiares e infantiles al tiempo que encontramos referencias concretas a la aplicación práctica de la psicología en los colegios y en la clínica (…) Se esperaba que las madres cambiaran no sólo sus actitudes sino que, en algunos casos realizaran modificaciones profundas de personalidad para adaptarse al nuevo modelo materno”[9].

Psicoanálisis en niños: Intervención analítica propuesta por Arminda Aberastury.

            Arminda Aberastury fue la precursora del psicoanálisis de niños y adolescentes en Argentina. A partir de inquietudes de tipo práctico sobre las formas de proceder en los tratamientos con niños, en 1943 le escribió una carta a Melanie Klein y mantuvo correspondencia con ella hasta 1957, este intercambio marcó una fuerte impronta kleiniana en su clínica. “Aberastury era una profesora de pedagogía, graduada en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Miembro de una familia próspera de origen vasco, compartía la pasión de su marido por la filosofía y las artes”[10].
            Su relación con el análisis de niños fue muy particular, y hasta azarosa, ya que ella comenzó a atender a la hija de una paciente de su marido (Pichon-Rivière) en la sala de espera, mientras la niña esperaba a su madre.
            Aberastury sostiene, sobre las entrevistas con los padres, que la prioridad es “tender a aliviarles la angustia y la culpa que la enfermedad o conflicto de un hijo despiertan y para eso debemos asumir desde el primer momento el papel de terapeutas del hijo y hacernos cargo del problema o del síntoma”[11]. Le brinda suma importancia a la relación de la madre con su concepto de maternidad y considera los primeros contactos del bebé con la madre como fundantes de la estructura del niño. Con respecto al rol de los padres asevera: “La actitud consciente o inconsciente de los padres frente a la vida sexual de sus hijos tiene una influencia decisiva en la aceptación o rechazo que el niño tendrá de sus necesidades instintivas”[12].
            Considera que será el niño quien modifique la estructura familiar a través de su análisis. Fendrik aporta: “A diferencia de Melanie Klein, Arminda Aberastury le otorgaba efectos traumáticos a múltiples acontecimientos en la vida del niño. Era como si tuviera una tabla de valores de traumas, si el destete fue brusco, o si le dijeron que la abuela se fue al cielo cuando tenía tres años o cuando tenía diez. No se le escapó ninguna de las posibles “causas” de una dificultad, de un síntoma, de un trastorno de conducta (…) En la hora de juego se podían –y debían- encontrar los elementos que confirmaran lo dicho por los padres. (…) A través del juego podía hacer diagnósticos infalibles, que le dieron un gran prestigio”[13], siguiendo la teoría freudiana del juego como repetición de situaciones traumáticas con el fin de elaborarlas.
            El tratamiento psicoanalítico del niño conlleva a una disminución de la tensión familiar y le brinda al niño la capacidad de modificar su medio ambiente; para ésto considera necesaria una relación bipersonal entre el niño y el terapeuta, igual que en el análisis de adultos. Reconoce que el vínculo transferencial es mejor si se mantienen alejados los padres; y se encarga de aclarar que el tratamiento psicoanalítico será eficaz siempre que no se le exija al niño más de lo que humanamente es capaz de dar un hijo.

La familia como causa de síntomas en el niño

            Sobre la nueva concepción de los padres en la década del 60 Marcela Borinsky expresa: “…se instalaba progresivamente un sentido común psicológico que explicaba las conductas, los trastornos infantiles, las enfermedades orgánicas desde un modelo determinista en el que los padres, y en particular la madre cumplían un papel central (…)…los padres detentarían no sólo el poder de hacer felices o infelices a sus hijos si no también la posibilidad de transformarlos en seres sanos o enfermos tanto el punto de vista físico como psicológico”[14]
            El eje central en las obras de Giberti y Aberastury es la posición de los padres en la crianza, sosteniendo teórica y empíricamente que las dificultades se encuentran en éstos más que en el niño. Eva Giberti remarca claramente “El resplandor de la psicología profunda ha clarificado suficientemente la realidad de la vinculación de la historia del niño con la problemática del adulto: ha señalado la importancia de la familia y el peso de su trascendencia en las situaciones conflictuales que se presentan durante la madurez”[15], Aberastury es muy clara con respecto a la maternidad y afirma “Muchas veces el síntoma de un niño está fabricado por la madre, o, por lo menos, mantenido o agravado por ella (…) …la orientación temprana de la madre es el mejor antídoto para la formación de síntomas derivados de dificultades no tan graves”[16].
            Aberastury, como resultado de su experiencia en análisis de niños, es muy tajante sosteniendo no dar consejos a los padres, ya que siendo los motivos de su conducta inconscientes, de nada sirve tratar de modificarlas de manera conciente, por lo tanto su decisión es dejar a los padres que hagan su rutina habitual, sin influirlos ni señalarles sus errores. “Una madre sana no necesita consejos para criar a su hijo y la comprensión de sus necesidad  la lleva instintivamente a darle contacto, cariño y alimento.”[17], en cambio Giberti tiene una posición más intrusiva, habla desde una posición de autoridad, aconseja por ejemplo, no excederse en modales y voces delante de los niños, o dejarlos a ellos armar el arbolito de navidad; ella está dispuesta a enseñarles a los padres, brindando consejos y saberes, transmitiendo “lo que debe hacerse”.
            Ambas coinciden en que los trastornos infantiles se ubican en los padres, quienes “provocan lo que buscan corregir”. Borinsky plantea esta similitud entre las autoras y expone: “De un modo similar a como la psicoanalista de niños Arminda Aberastury había discutido diez años atrás la idea de que un niño obediente podría estar ocultando problemas profundos, y que, más que por la rebeldía en la infancia había que preocuparse por el “sometimiento, la pasividad y la adaptación de los niños a los standars de los adultos”, la desobediencia se convertía para Giberti en un rasgo de normalidad en la infancia mientras que la obediencia era desvalorizada como conducta débil y cobarde.”[18]
            Las obras de Eva Giberti y Arminda Aberastury están inmersas en un modelo que explica las conductas de los niños desde una perspectiva sumamente determinista, y este contexto lleva a una contradicción en la práctica de Aberastury; “La dificultad está en que Arminda Aberastury, mientras analizaba niños, seguía creyendo en la “culpa” de los padres. (…) La “culpa” de la madre está presente en los grupos de madres, y manifiestamente ausente cuando trabaja con niños.”[19]. Giberti, atravesada por este determinismo, aclara “Cada ser en crecimiento está inexorablemente metido en un sistema familiar que le impone sus normas y pautas; la educación nace del interjuego de las posibilidades del individuo y de las exigencias de la familia, que funciona como una máquina de cultura.”[20]
            Se instala entonces el psicoanálisis, como la herramienta capaz de promover el cambio en los padres, en su relación con los hijos como también en sus propias vidas.

Consideraciones finales

            En la década del 60’ los medios de comunicación se vieron  “inundados” de artículos sobre psicoanálisis, prevalecían las publicaciones femeninas y de crianza de niños, y progresivamente, los psicólogos fueron reconocidos como autoridades capaces de responder las inquietudes sobre los roles paternos y maternos.
            Sin embargo, se percibía la simplificación de la teoría psicoanalítica de Giberti como una amenaza al status de la profesión, “Como psicóloga sin título médico no podía ingresar a la APA; ella agrega además que la comunidad psicoanalítica la ignoró durante mucho tiempo.”[21], no obstante esta marginalidad le permitió a Giberti moverse con mayor independencia respecto de las instituciones.
            La obra de Giberti, es considerada “inocente”, ya que su versión del psicoanálisis diluye el lugar central de la sexualidad infantil. Desde Freud en las Pampas Plotkin explica que Giberti preparó un “psicoanálisis a medida” al precio de dejar afuera la sexualidad. Contrariamente Aberastury, fue un personaje de mucho reconocimiento en el ámbito psicoanalítico; Silvia Fendrik la nombra como “el personaje sagrado y kleiniano de la APA”. Brinda un lugar preponderante a la sexualidad infantil, lo cual es lógico si se tiene en cuenta que su obra está fuertemente influenciada por la teoría freudiana y kleiniana. Al hacer mención de la dificultad de los padres para hablar de la sexualidad del hijo en las entrevistas Aberastury dice: “Afirmar hoy que un niño de un año se masturba o tiene erecciones y la niña conoce su vagina y que ambos sienten deseos de unión genital se opone a todo lo que hasta hoy se aceptaba sobre la vida de un bebé y también despierta rechazo (…) El anhelo de unión genital –al satisfacerse sólo en forma precaria a través de la masturbación- del bebé es el motor que impulsa y pone en movimiento la actividad del juego”[22]
            Tanto Giberti, desde una escuela para educar a los padres, y Aberastury, desde la APA incorporando la obra de Melanie Klein, desplegaron sus saberes y promovieron a la legitimación del psicoanálisis en la terapia familiar; partiendo desde la problemática social de la época y entendiendo a los padres como foco del síntoma del niño. Fueron indudablemente verdaderas pioneras en la clínica psicoanalítica de niños, dejando abiertos interrogantes y nuevas maneras de considerar el núcleo familiar.
           
           
 

 

Bibliografía:

  

Fuentes primarias

 

 ABERASTURY, de Pichon Rivière: “La inclusión de los padres en el cuadro de la situación analítica y el manejo de esta situación a través de la interpretación”,  en Revista de Psicoanálisis, Vol. 14, Buenos Aires, 1957, N° 1-2. pp. 137-146.

 

 ABERASTURY, A. Cap. 5 “La entrevista inicial con los padres”, Cap. 8 “Entrevistas posteriores con los padres”. En Teoría y técnica del psicoanálisis de niños. Buenos Aires. Editorial Paidos. 1962.

 

 GIBERTI, E. “La familia, El niño ante la pareja” (Vol. 1). En Escuela para padres (3 Vols.). 1era edición. Buenos Aires: Esece. 1968. pp. 95-111. pp. 245-273.

 

Fuentes secundarias

 

BORINSKY, M. Todo reside en saber qué es un niño. Aportes para una historia de la divulgación de las prácticas de crianza en la Argentina. Anuario de Investigaciones. Facultad de Psicología, Vol. XII, Tomo II, 117-126. 2005

 

CARPINTERO, E. y VAINER A. Las huellas de la memoria. Psicoanálisis y     Salud Mental en la Argentina de los ‘60 y ’70 (1957-1983). Tomo I: 1957-1969. 1era edición. Buenos Aires: Topía. 2004.

 

DAGFAL, A. Cap. 2 “El nacimiento de un psicoanálisis ‘oficial’ y al recepción de la obra kleiniana (1942-1955)”. Entre París y Buenos Aires. Buenos Aires: Paidós. 2009

 

GIBERTI, E. Historia de la escuela para padres.http://www.evagiberti.com/escuela-para-padres/historia-de-escuela-para-padres/. 2009

 

GIBERTI, E. Síntesis de la historia de la escuela para padres en Argentina. http://www.evagiberti.com/escuela-para-padres/sintesis-de-la-historia-de-escuela-para-padres-en-argentina/. 2009

 

FENDRIK, S.  Arminda Aberastury. http://www.topia.com.ar/articulos/arminda-aberastury. 2003

 

PLOTKIN, M. Cap. 3 “El cambio social y la expansión del mundo psicoanalítico”, Cap. 4 “El papel de los divulgadores en la expansión del mundo psicoanalítico”. En Freud en las pampas. Buenos Aires: Sudamericana. 2003. pp . 117-187.

 

TORRADO, S. Tercera parte “Efectos sobre la organización familiar”. En La herencia del ajuste. Cambios en la sociedad y la familia. Buenos Aires: Capital Intelectual. 2004. pp 117-187.

 

 



[1] Trabajo realizado en el marco del seminario de grado “La familia como objeto de intervención en la Argentina: tradiciones intelectuales y psicoterapéuticas (1950-1979).”, dictado por la Dra. Florencia A. Macchioli, Cátedra I de Historia de la Psicología, Facultad de Psicología, UBA.

 

[2] CARPINTERO, E. y VAINER A. Cap 1 “El progreso comienza a llamarse el Campo de la Salud MentalLas huellas de la memoria. Psicoanálisis y Salud Mental en la Argentina de los ‘60 y ’70 (1957-1983). Tomo I: 1957-1969. 1era edición. Buenos Aires: Topía. 2004. pág 58

[3]  PLOTKIN, M. Cap. 3 “El cambio social y la expansión del mundo psicoanalítico”. En Freud en las pampas. Buenos Aires: Sudamericana. 2003. Pág 133.

[4]  La Asociación Psicoanalítica Argentina es una institución académica, creada en 1942. Es componente de la Asociación Psicoanalítica Internacional - IPA- creada por Sigmund Freud en 1910.

[5] PLOTKIN, M. Cap. 4 “El papel de los divulgadores en la expansión del mundo psicoanalítico”. En Freud en las pampas. Buenos Aires: Sudamericana. 2003. pág 175

[6] PLOTKIN, M. Cap. 4 “El papel de los divulgadores en la expansión del mundo psicoanalítico”. En Freud en las pampas. Buenos Aires: Sudamericana. 2003. pp . 173 y 174. 

[7] GIBERTI, E. Historia de la escuela para padres.http://www.evagiberti.com/escuela-para-padres/historia-de-escuela-para-padres/. 2009

[8] GIBERTI, E. “La familia, El niño ante la pareja” (Vol. 1). En Escuela para padres (3 Vols.). 1era edición. Buenos Aires: Esece. 1968. pág. 99

[9] BORINSKY, M. Todo reside en saber qué es un niño. Aportes para una historia de la divulgación de las prácticas de crianza en la Argentina. Anuario de Investigaciones. Facultad de Psicología, Vol. XII, Tomo II, 117-126. 2005. pág 123 y 124

[10] DAGFAL, A. Cap. 2 “El nacimiento de un psicoanálisis ‘oficial’ y al recepción de la obra kleiniana (1942-1955)”. Entre París y Buenos Aires. Buenos Aires: Paidós. 2009. pág 121

[11] ABERASTURY, A. Cap. 5 “La entrevista inicial con los padres. En Teoría y técnica del psicoanálisis de niños. Buenos Aires. Editorial Paidos. 1962. Pág 86.

[12] ABERASTURY, A. Cap. 5 “La entrevista inicial con los padres. En Teoría y técnica del psicoanálisis de niños. Buenos Aires. Editorial Paidos. 1962. Pág 75.

[14] BORINSKY, M. Todo reside en saber qué es un niño. Aportes para una historia de la divulgación de las prácticas de crianza en la Argentina. Anuario de Investigaciones. Facultad de Psicología, Vol. XII, Tomo II, 117-126. 2005. pág 125 y 126

[15] GIBERTI, E. “La familia, El niño ante la pareja” (Vol. 1). En Escuela para padres (3 Vols.). 1era edición. Buenos Aires: Esece. 1968. pp. 95-111. pág 271.

[16] ABERASTURY, A. Cap. 8 “Entrevistas posteriores con los padres”. En Teoría y técnica del psicoanálisis de niños. Buenos Aires. Editorial Paidos. 1962. pág 131 y 133. 

[17] ABERASTURY, A. Cap. 5 “La entrevista inicial con los padres”. En Teoría y técnica del psicoanálisis de niños. Buenos Aires. Editorial Paidos. 1962. pág 80

[18] BORINSKY, M. Todo reside en saber qué es un niño. Aportes para una historia de la divulgación de las prácticas de crianza en la Argentina. Anuario de Investigaciones. Facultad de Psicología, Vol. XII, Tomo II, 117-126. 2005. pág 125.

[20] GIBERTI, E. “La familia, El niño ante la pareja” (Vol. 1). En Escuela para padres (3 Vols.). 1era edición. Buenos Aires: Esece. 1968. pág. 261

[21] PLOTKIN, M. Cap. 4 “El papel de los divulgadores en la expansión del mundo psicoanalítico”. En Freud en las pampas. Buenos Aires: Sudamericana. 2003. Pág. 171.

 

[22] ABERASTURY, A. Cap. 5 “La entrevista inicial con los padres. En Teoría y técnica del psicoanálisis de niños. Buenos Aires. Editorial Paidos. 1962. Pág 87